Lydia Lozano ha acabado llorando tras el toque de atención de su marido Charlie y ante su agobio por todos los contratiempos que estaban sucediendo.

Lydia Lozano fue, junto a Kiko Matamoros, la primera de los colaboradores de ‘Sálvame’ de demostrar sus dotes culinarias durante ‘La última cena’, el nuevo programa de Telecinco. Pero, se acabó convirtiendo en una auténtica pesadilla para ella.

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La periodista se acabó agobiando mucho, ya que veía que se acercaba la hora de servir la cena y aun la faltabas muchas cosas por hacer. Pese a lo mal que lo estaba pasando, aguantó el tipo hasta justo antes de servir el segundo plato, la lubina.

Cuando ya se había retirado la ensalada y el ajoblanco, Lydia recibió una serie de críticas que acabaron haciéndola llorar y al borde de un ataque de nervios. Primero fue Mila, que se quejó porque su ensalada llevaba miel y a ella, «le da arcadas», como ya le advirtió con anterioridad a su compañera.

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Pero, sin duda, el peor momento para la colaboradora llegó cuando Jorge Javier Vázquez le hizo saber que había estado uy borde con la chef Begoña Rodrigo, la encargada de dirigir su cocinado. Ella lo ha reconocido: «He estado alterada con Begoña…»

Las malas formas de Lydia con Begoña

Tras esto se ha emitido el vídeo que recogía las malas palabras de Lydia hacia Begoña con frases como: «ahora no me podéis cambiar las órdenes» o «¿Consejos ahora? Habérmelos dado a las siete de la tarde». La chef tuvo que ponerse seria con ella: «Aquí las órdenes las doy yo no tú». Según Begoña, Lydia es «bastante contestona».            

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Una vez emitido el vídeo, la periodista aseguró que se había disculpado con Begoña… porque alguien le había llamado la atención mediante un mensaje de Whatsapp y le había dicho que estaba siendo muy borde. Esa persona era Charly, su marido. «Me ha dicho que rebaje el tono, que estaba dando la imagen de borde…», ha explicado Lydia, bastante afectada.

Jorge Javier Vázquez empatizó con su compañera, y la justificó diciendo que había tenido una semana con mucho estrés. En este momento, Lydia no aguantó más y rompió a llorar. «Yo no voy de cocinera por la vida, pero una tiene unas ideas. De hecho me encanta porque Kiko no había estado nunca en una cocina. Y cuando llego me dan espinacas, y nunca las he cortado… me agobia mucho el tiempo, es una presión», decía entre lágrimas.

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